“Cuando sopla sudestada, el río se pone bravo, pero yo ya le conozco de memoria. El viento me pega en la cara y parece que me quiere hacer volver, pero yo sé que ahí afuera los pescados se mueven distinto, el dorado busca corriente, el surubí se arrima, y con río movido, la pesca puede ser buena.
Salí con mi canoa "La candela", con el Yumpa que me regalo mi viejo rezongando, y las olas golpeando como si fueran a darme vuelta todo. Los camalotes se amontonaban contra la costa. Me fui hasta la cancha, esperé dos turnos (había un par de cumpas esperando), metí el lance, y quedé a la deriva esperando, sintiendo cómo el Paraná me llevaba y sacudía pa todos lados.
Cuando levanté las redes, había dos dorados y un surubí grande, como de 12 kilos que no podía subir, ...que eran unos buenos mangos ma que necesarios. Ahí me dije, ‘el río siempre da, pero también enseña’. Volví cansado, con el corazón contento, porque yo sé que cada salida es una parte de vida. La sudestada no es enemiga, es parte del Paraná, y se aprende a respetarla como se respeta a un viejo amigo que nunca se deja dominar.”
El Juano - Pescador del Paraná.